lunes, 15 de junio de 2015

El chicle. Del presidente al árbol y al inventor.

Sharon Rojas Dewitt

El primer presidente de México y uno de los más famosos, Antonio López Santa Anna es el responsable de dos cosas. La primera, que Texas hoy sea parte de Estados Unidos y número dos, la invención del chicle.

Cuando terminó su gobierno, Santa Anna se fue a vivir a los Estados Unidos, fue ahí donde por una serie de eventos conoció al fotógrafo e inventor Thomas Adams (sí, el de la marca de dulces y chicles, Adams). El expresidente le cuenta a Adams lo provechosa que puede ser la resina de un árbol originario de Yucatán llamado chicozapote.

El ex presidente Santa Ana y Thomas Adams.

Esta idea viene de la resistencia a la humedad, lo pegajoso y lo barato que resulta ser la resina que proviene de algunos árboles. Esta resina también era usada para crear las llantas de los carruajes de esa época. Antonio López de Santa Anna le vende una gran cantidad de resina del árbol de chicozapote a Thomas Adams. Adams intenta sin éxito fabricar juguetes, llantas, botas e incluso máscaras.

Al darse cuenta del fracaso, López Santa Anna, abandona la búsqueda y es cuando Thomas se asocia con John Baker Curtis. En ese momento el chicle toma forma, ya que John Baker agrega otros ingredientes a la resina, tales como el saborizante y la parafina que es una especie de aceite para suaviizar la mezcla.

Los primeros chicles de la historia se llamaron ‘Adams New York No.1’ y se vendían en cajas de numerosos colores. Después, en 1871 se agregan ingredientes para poder hacerlo más elástico y así es como se pueden hacer las bombas de chicle. En la Segunda Guerra Mundial, los soldados americanos llevan Chiclets Adams a Europa y es ahí donde se da el boom del chicle.

Hoy en día los chicles ya no se fabrican por medio de la resina del chicozapote, sino con materiales sintéticos a los que se les agregan saborizantes, edulzantes y colorantes.



Dato curioso: Algunos arqueólogos dicen que los mayas fueron los verdaderos inventores del chicle, ya que hay pruebas de que se hacían cortes en árboles de chicozapote para sacar la resina, previamente se ponía a secar al sol y cuando se encontraba con una consistencia pegajosa la masticaban para limpiar sus dientes. De hecho, la palabra chicle deriva del náhuatl ‘tzictli’.

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